Cuando era pequeña vivía dos historias paralelas. Una en mi casa, con mis padres y mis hermanas; y otra afuera: en la calle, en el colegio, con mis amigas.
En mi casa aprendí a tener miedo, a quedarme en silencio, a desaparecer, a esconderme detrás del sillón. Mi madre que la mayoria de las veces estaba triste o enojada, pensaba que yo no entendía nada. Me repetía que los temas que se hablaban en la mesa eran demasiado difíciles para mí porque, según ella, era menos inteligente que mis hermanas.
Pero lo que ella no sabía era que, mientras hablaba y me repetía una y otra vez que mi inteligencia dejaba mucho que desear, mis ojos, mis pensamientos y mi cuerpo observaban, analizaban y creaban conexiones constantemente. Porque yo nunca dejaba de pensar, y mucho menos de sentir.
En casa era una hiperkinética silenciosa.
En la calle, en cambio, era todo lo contrario. Sin mi madre presente, me sentía libre. Esa cascada infinita de pensamientos se expresaba en mi cuerpo, en mis ganas de correr, de reír, de hablar, de estar con mis amigas queridas, que eran mi familia.
Y me volvia una hiperkinetica con voz.
Siempre he sentido la necesidad imperiosa de moverme. No puedo quedarme quieta. Mis pensamientos se mueven a la velocidad de la luz; mi capacidad para sobreanalizarlo todo también. Las conexiones van de un lado al otro sin descanso.
Y esas conexiones con el tiempo se volvieron de carne y hueso. Se transformaron en ideas, decisiones, procesos creativos, impulsos, dudas interminables, cambios de trabajo, cambios de país y amores que me hicieron perder la cabeza.
Me pase muchos años sufríendo por ser así. Quería ser otra persona. Quería cambiar, convertirme en una mujer tranquila, convencional, una mujer de casa.
Pero no pude.
Pero hoy, con medio siglo en el cuerpo, me declaro con orgullo una mujer hiperkinética. Una mujer que ama a sus hijos y que puede quedarse quieta por ellos, pero que nunca, nunca dejará de moverse.
Porque mi naturaleza es la duda y la exploración.
Porque, a esta altura de mi vida, ya no necesito vivir dos vidas.
Porque ya no tengo miedo.
Porque ya no necesito esconderme detrás del sillón.
Y a través de este blog quiero explorar y compartir cada uno de mis movimientos hiperkinéticos: sin culpa y sin restricciones. Solo intentando tomar decisiones conscientes y avanzar con pasos tranquilos cuando mi cuerpo, mi alma y el amor por las personas que más quiero así lo necesiten.
